Madrugadas y buses: el viaje semanal de cuatro niños de Talcahuano por el hockey
Cada sábado, Tomás, Joaquín, Gabriel y Rubén cruzan medio Chile para jugar hockey patín por el Club Vilanova. Detrás de cada partido hay un engranaje de padres, buses nocturnos y una comunidad que se organiza para que no falten a la cancha.
Mientras muchos niños de su edad duermen un sábado en la mañana, Tomás Rodríguez (61), Joaquín Díaz (arquero, 13), Gabriel Lucero (21) y Rubén Muñoz ya están arriba de un bus. Son cuatro jóvenes de Talcahuano, formados en el hockey patín de Huachipato, que cada fin de semana viajan a Santiago para competir por el Club Vilanova.
Tomás, Joaquín y Gabriel destacan por jugar en las categorías Sub-15 y Sub-17 a muy temprana edad, midiéndose con rivales mayores. Rubén, por su parte, ya compite en Sub-19. Talento hay de sobra. Lo que no sobra es lo que cuesta llegar hasta la cancha.
Un viaje que se arma entre todos
La logística es casi tan exigente como el propio partido. Los papás se organizan por WhatsApp para que cada sábado viaje un solo apoderado acompañando a los cuatro niños, y así abaratar los costos de traslado. Hay un papá que se encarga de comprar los pasajes, y otros que aportan en la cadena de favores que hace posible cada viaje.
Muchas veces toca partir de noche: un papá pasa a buscar a todos en auto, casa por casa, y los deja en el terminal. El bus viaja durante la madrugada y el grupo llega a Santiago al amanecer, con el frío encima y las mochilas al hombro.
La comunidad que los espera al otro lado
Lo más lindo de esta historia es que el esfuerzo no termina en Talcahuano. En Santiago, la gente del club conoce el sacrificio que hacen estas familias, y hace su propio esfuerzo para devolver la mano: van a buscar a los niños al terminal, los llevan a la cancha que corresponda ese día y, al terminar, los dejan de vuelta en el terminal para el regreso al sur.
Así se repite la dinámica, sábado tras sábado. Y para que nadie se quede afuera, el apoderado que viaja muchas veces transmite los partidos en vivo: los papás que se quedaron en casa pueden ver a sus hijos jugar desde el celular, a cientos de kilómetros de distancia.
El deporte que se sostiene con amor
Historias como esta son el motivo por el que existe Invencibles. Detrás de cada niño deportista hay familias que madrugan, se coordinan y se apoyan para que el sueño no se detenga por un tema de pasajes o de bencina. El talento y las ganas están; lo que muchas veces falta es una mano para llegar a la cancha.
Desde Invencibles saludamos a Tomás, Joaquín, Gabriel y Rubén, a sus familias y a toda la comunidad del hockey patín que hace posible cada viaje. Que sigan rodando.
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